Felices por Siempre es un triptico de gran formato donde un grupo de cigüeñas —animal asociado a la llegada de los bebés— ocupa el centro de la escena como figura simbólica de mandato, deseo y ruptura. Algunas se aparean, otras arman nidos, otras pelean o se van. La escena oscila entre lo ritual y lo animal. En el paisaje hay huevos, nidos y elementos íntimos —como ropa interior femenina— que aluden a lo doméstico, lo reproductivo y lo perdido. La obra tensiona la promesa del "final feliz" desde una mirada femenina y psíquica. Las cigüeñas, solemnes y vulnerables, son testigos, víctimas y cómplices de ese cielo incierto. Nace en un momento de duelo personal, cuando la artista atraviesa una pérdida que resignifica sus deseos y símbolos. Felices por Siempre no es una afirmación sino una pregunta. Pintura clásica al servicio de un mundo simbólico denso, contradictorio y contemporáneo