NATURALEZA MUERTA, 2026
La obra parece correr la tradición de la naturaleza muerta hacia otro lugar: ya no la representación de objetos inertes, sino la imagen de un ecosistema alterado, donde lo orgánico y lo artificial quedan atrapados en una misma superficie. Hay una belleza seductora —incluso cierta promesa de abundancia—, pero esa promesa aparece desplazada: lo que persiste no es la vida en estado pleno sino sus restos, sus residuos, sus formas de adaptación. En ese cruce, la pintura se vuelve una escena ambigua entre reliquia, paisaje y artefacto.