ENERGÍA LÍTICA, 2026
Energía lítica imagina el paisaje como un sistema de transmisión. Las piedras —dispuestas como antenas sobre la costa— dejan de funcionar como resto, ornamento o accidente geológico para volverse cuerpos activos, superficies de captación y emisión. En la obra, lo mineral no aparece como materia inerte sino como una forma de inteligencia silenciosa: una energía anterior a lo humano, pero todavía operativa, capaz de conectar fuerzas, memoria y territorio. La pintura desplaza así la jerarquía tradicional entre sujeto y entorno: la materia ya no sostiene la escena, la produce.