Germinaciones se sitúa en ese momento incierto en que el paisaje deja de ser una superficie estable y comienza a reorganizarse desde adentro. La obra se concentra en las formas de brote, expansión y persistencia de la vida, allí donde lo vegetal irrumpe como una fuerza capaz de alterar el orden visible. Más que representar un entorno, la pintura propone una escena de transformación: un territorio en tensión entre agotamiento y regeneración, donde la materia ensaya nuevas posibilidades de existencia.