Mi trabajo dirige la mirada hacia dos aspectos: La globalización y la velocidad a la que todo transcurre. Nuestra época está atravesada por estos dos factores. La globalización en el Arte trae como consecuencia una amalgama inmensa de múltiples tendencias. Esta circunstancia sumada al frenético ritmo de fagocitación de imágenes (provenientes de los diferentes medios que nos bombardean ya los que estamos expuestos), hace que la contemplación del consumidor del hecho artístico sea desinteresada, poco reflexiva y carente de discurso.
Lo que ayer fue una noticia de impacto hoy se olvida; sensible ante esta situación generada por los medios de comunicación , me apropio de imágenes provenientes de diferentes fuentes de información como un caníbal cultural, nutriéndome de recursos encontrados en Internet, prensa, fotogramas de cine, etc., intervenidos o no, o, en otras ocasiones, haciendo uso de fotografías propias de forma casi aleatoria, sin ninguna regla preestablecida, sin un porqué aparente. Aunque a primera vista pueda parecer un acto irracional, detrás de esa elección subyace un elemento arquetípico, a través del cual trato de empatizar con el espectador.
Mis cuadros, proviniendo de un tronco común y compartiendo una misma carga genética, se ramifican en distintas líneas de investigación artística, guardando entre sí diferentes grados de consanguinidad y un innegable aire de familia. Este estrecho parentesco evidente entre mis obras nos permite identificar ciertos rasgos comunes en las mismas (configurando una extensa familia a partir de lazos de sangre que parten del mismo núcleo) pero, al mismo tiempo, distinguir peculiaridades que subrayan la singularidad de cada una de ellas.
En mi trabajo investigo las variables propias de la pintura, explorando e introduciendo en mis piezas de forma recurrente recursos como barridos, cambios de escala, repeticiones, simetrías, enfoques y/o desenfoques de contornos y planos, etc. que generan una reconocible seña de identidad; pero lo importante en mi trabajo no es solo la imagen final y su factura sino, sobre todo, el proceso.
De esta forma, mis composiciones figurativas, construidas a partir de fotomontajes digitales asocian imágenes que activan y despliegan un particular imaginario simbólico -cercano al realismo mágico- provocando un extrañamiento paradójicamente “familiar” en el espectador.
La rica grisalla de colores terciarios, característica de muchas de mis piezas, se combina con
una paleta menos contenida de un colorido vibrante en las obras recientes, configurando una meta-realidad que se encarna en la pintura al óleo, situándose en el mismo plano y conquistando el mismo nivel de veracidad que la realidad misma.
A
través de mis cuadros despliego un relato ficcional intuido e imaginado en una
suerte de sueños lúcidos que, posteriormente, traduzco plásticamente
nutriéndome de referencias visuales locales y globales, que conecto y recombino
produciendo un discurso ambiguo que exige la descodificación por parte del
espectador y que se abre a múltiples interpretaciones.
Planteo,
en definitiva, un viaje de ida y vuelta que trasciende nuestra propia realidad,
haciéndonos formar parte de una familia extensa en un universo arquetípico y
extraño en el que todos podemos reconocernos.