Mis cuadros, proviniendo de un tronco común y compartiendo una
misma carga genética, se ramifican en distintas líneas de investigación
artística, guardando entre sí diferentes grados de consanguinidad y un innegable
aire de familia. Este estrecho parentesco evidente entre mis obras nos permite
identificar ciertos rasgos comunes en las mismas (configurando una familia
extensa a partir de lazos de sangre que parten del mismo núcleo) pero, al mismo
tiempo, distinguir peculiaridades que subrayan la singularidad de cada una de
ellas.
En mi trabajo investigo las variables de la propia pintura,
explorando e introduciendo en mis piezas de forma recurrente recursos como
barridos, cambios de escala, repeticiones, simetrías, enfoques y/o desenfoques
de contornos y planos, efectos de pintura húmeda sobre seca y húmeda sobre
húmeda, etc. que generan una reconocible seña de identidad; pero lo importante
en mi trabajo no es solo la imagen final y su factura sino, sobre todo, el
proceso. Para mi cada cuadro supone librar una nueva batalla en la que nunca se
vence totalmente, pero que permite sentar el andamiaje sobre el que se cimenta
la obra sucesiva, siempre a la búsqueda de un específico lenguaje personal que
reivindica la vigencia del propio género pictórico y en el que el tema se
convierte en pretexto y estímulo para catalizar el proceso creativo.
Mis composiciones figurativas, construidas a partir de
fotomontajes digitales en los que recurro a fuentes diversas, asocian imágenes
que activan y despliegan un particular imaginario simbólico -cercano al
realismo mágico- provocando un extrañamiento paradójicamente “familiar” en el
espectador.
La rica grisalla de colores terciarios, característica de muchas
de mis piezas, se combina con una paleta menos contenida de un colorido
vibrante en otras, configurando una meta-realidad que se encarna en la pintura
al óleo, situándose en el mismo plano y conquistando el mismo nivel de
veracidad que la realidad misma.
A través de mis cuadros despliego un relato ficcional intuido e
imaginado en una suerte de sueños lúcidos que, posteriormente, traduzco
plásticamente nutriéndome de referencias visuales locales y globales, que
conecto y recombino produciendo un discurso ambiguo que exige la descodificación
por parte del espectador y que se abre a múltiples interpretaciones.
Planteo, en definitiva, un viaje de ida y vuelta que trasciende nuestra
propia realidad, haciéndonos formar parte de una familia extensa en un universo
arquetípico y extraño en el que todos podemos reconocernos.
El cuadro "Cita en la peluquería" representa a unas mujeres en el momento de secado de pelo en una peluquería de los años 60 en norteamérica. Este instante coincide con el lanzamiento del Apolo XIII, lo cual me sirve de excusa para sugerir que ellas están a punto de despegar.