Cuando llegamos a
este mundo, ¿venimos en blanco? Según la ciencia traemos una carga genética que
nos configura y muchas veces nos limita. Sin embargo, somos lo que somos porque
fueron lo que fueron nuestros padres, nuestros abuelos, e fin, nuestros
ancestros.
Hay un baúl de
experiencias encriptadas en nosotros que son nuestra riqueza y nuestro karma.
Portamos cargas genéticas desde el inicio de la humanidad. Somos nosotros y los
nuestros. Somos nosotros y los demás. Una gran familia humana que trasciende
las fronteras del tiempo y en el tiempo nos proyecta hacia futuros prolíficos.
Honrar las experiencias heredadas de todo tipo que sean, es el camino para
nuestra evolución y el legado para las generaciones que nos sucederán. Vivir,
ese es legado.
En esta obra los
círculos, símbolos de infinito y eterno, representan las generaciones de mi
familia que configuran mi vida y a las que estoy aprendiendo a honrar, porque
estuve en sus vidas y ellos están en la mía. Los ángeles, como mensajeros de
experiencias vitales y como imágenes de la dimensión espiritual que somos y
permanece. Es por lo que los círculos están en el mismo nivel y giran representando
la trascendencia de la vida física, la vida inmortal.
Elegí el nombre
Constelaciones Familiares, no sólo por ese sistema familiar al cual
pertenecemos y nos nutre, sino también por la idea de universo, estrellas,
cosmos. Como constelaciones, estamos conectados en una gran red que nos
contiene y de la cual somos parte y protagonistas.