Esta obra genera una atmósfera etérea, suspendida,
casi espiritual. Se sitúa en el límite entre la abstracción lírica y la
evocación paisajística. La paleta monocromática en tonos marfil, tierra pálida
y algunos acentos de azul dan la sensación de una visión neblinosa, un paisaje
interior que se sugiere más que se muestra. Es una obra silenciosa, que invita
a la contemplación.