Obra "FLORECER DESDE EL SILENCIO"
Autor: Martín Sánchez Morales
Técnica usada: Óleo sobre lienzo de 81x65 cms.
Año 2025.
Curaduría de "Florecer desde el Silencio”
Florecer desde el Silencio es un testimonio visual de la transformación, la resistencia y la ternura. En esta obra, Martín representa a una mujer mastectomizada, que atraviesa el proceso de quimioterapia y renace desde su propio cuerpo convertido en símbolo de vida.
La figura central, serena y de cabeza rapada, se muestra en calma tras la tormenta. Su falta de cabello no habla de pérdida, sino de renacimiento, de desprendimiento de lo que fue para dar paso a una nueva versión de sí misma.
De su pecho brotan tres flores —anaranjada, amarilla y violeta—, los colores de la quimioterapia transformados en emblemas de esperanza. Del dolor y la ciencia surge lo orgánico: la vida que insiste en florecer.
La mujer aparece erguida en una barca blanca, sostenida por un mar de pequeño oleaje que simboliza el tránsito sereno hacia la recuperación. Es un viaje interior, íntimo, donde el agua representa el tiempo y la purificación emocional.
A su lado, una mano masculina se extiende con delicadeza, símbolo del apoyo amoroso, la compañía y el cuidado que acompaña sin invadir.
En las ramas verdes que la rodean crecen cápsulas translúcidas que encierran relojes. Las horas marcadas en ellos —tempranas, matutinas— evocan el tiempo clínico: las jornadas de tratamientos, controles y visitas médicas. Martín convierte esos relojes en parte de la naturaleza, integrando el paso del tiempo hospitalario en el ciclo vital de la curación.
Las dos flores en la parte superior, azul y rosa, representan la maternidad, la posibilidad dual de un niño o una niña, mientras la luna rosa, luminosa y protectora, encarna la fuerza del feminismo, la sororidad y la conexión entre mujeres que resisten y florecen juntas. En un contexto feminista, esa luna peluda desafía las normas que han exigido a las mujeres borrar los signos de su naturaleza corporal. Es una luna que se atreve a ser cuerpo, que se muestra entera, sin filtros. El vello es también símbolo de vida que brota, de energía vital que emerge, como la hierba que crece o las raíces que se extienden. En ese sentido, la luna con vello puede representar la fertilidad, el renacer.
La rosa, tradicionalmente símbolo de belleza, amor y vida, aparece aquí herida, sangrante. Esa lágrima roja no destruye su belleza, sino que la vuelve humana, vulnerable. Es una flor que ha sentido el dolor, pero que sigue viva, abierta. Puede ser una metáfora de la feminidad afectada por la enfermedad. Esa lágrima de sangre es el llanto por el cuerpo que ha cambiado, por la pérdida, pero también por la aceptación que sigue.
Todo el conjunto se funde en una atmósfera de paz y resurrección: el cuerpo que fue herido se vuelve jardín, el tiempo médico se vuelve raíz, la enfermedad se vuelve tránsito hacia la plenitud.