Tejiendo Historias de Resiliencia y Transformación a Través del Arte Textil.
Mi camino en el arte textil comenzó con la curiosidad de la infancia, una chispa que encendió una práctica dedicada a la creación de obras abstractas que reinterpretan el macramé y el alto lizo desde una perspectiva contemporánea. Mis piezas, que abarcan desde tapices hasta esculturas vibrantes y separadores de ambiente únicos, son el resultado de la experimentación constante con fibras naturales y materiales reciclados, elementos que se combinan con nuevas texturas para crear narrativas visuales.
Mi recorrido como educadora social ha nutrido profundamente mi expresión artística, generando una simbiosis singular. He tenido el privilegio de concebir y liderar proyectos en los que el macramé trasciende su naturaleza de artesanía para transformarse en una poderosa herramienta de empoderamiento personal y cohesión social. Para mí, observar cómo esta técnica ancestral infunde fuerza en las personas, impulsándolas a conectar con su creatividad, a fortalecer su autoestima y construir comunidad, es una de las mayores satisfacciones.
Sin embargo, la vida a menudo nos enfrenta a tramas inesperadas. Un punto de inflexión crucial fue mi vivencia al frente de una residencia de personas mayores durante la pandemia, en un contexto de profunda crisis e intervención estatal. Aquel fue un período de enorme complejidad, donde cada jornada se convertía en una lucha por la supervivencia y la dignidad. No obstante, gracias al compromiso incansable de todo el equipo, logramos sacar al centro de la situación de riesgo. Esa experiencia, tan desoladora como inspiradora, me forzó a reconsiderar mis valores esenciales. Fue el motor definitivo para retomar, con una pasión renovada, mi gran vocación: el arte textil.
Hoy, cada obra que creo lleva consigo la resiliencia, la conexión humana y la profunda valoración de la vida y de la tierra que me sostiene y que aprendí en esos momentos. Mis manos tejen historias de superación, de belleza encontrada en la adversidad, y de la capacidad transformadora del arte, a menudo inspiradas en los paisajes y contrastes de mi tierra que han moldeado mi visión. Es un diálogo constante entre la fibra y el espíritu, donde cada nudo es un recordatorio de lo que podemos construir cuando unimos fuerzas y corazón.